Clínica Dental Moyúa en Bilbao
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Uno de los mejores piropos que pueden hacernos nuestros pacientes es venir a la clínica a contarnos emocionados como en su entorno les dicen aquello de “Te veo más guapo/a. No sé qué te has hecho pero se te ha iluminado la cara”. En ese momento sabemos que hemos cumplido nuestro objetivo: mejorar su sonrisa, y por extensión su imagen personal, sin que los cambios se noten o desentonen en el conjunto de tu rostro. No queremos convertirte en otra persona, sino que consigas ser la mejor versión de ti mismo. Esta es la filosofía central que guía nuestros pasos en estética dental. No hay modelos porque el modelo eres tú.

Así, uno de los tratamientos de estética dental más extendidos actualmente son las carillas dentales. Las usamos para corregir pequeñas imperfecciones en los dientes que, de alguna manera, restan buena presencia a la persona y pueden causarle miedo a sonreir y problemas de inseguridad y baja autoestima. A veces una pequeña transformación externa puede ayudar a que se produzca un gran cambio interno. ¿Por qué renunciar a ello?

Desde Clínica Moyúa queremos, no obstante, indicarte cuándo nos planteamos poner en marcha un tratamiento con carillas dentales estéticas de composite o porcelana porque, eso sí, tienes que tener en cuenta que no todos los problemas dentales son solucionables con esta técnica. Fíjate, además, que una carilla dental no es un tratamiento que recomendemos solamente por razones estéticas. Podemos darte también razones médicas que lo justifican.

Pequeños espacios interdentales. En Odontología llamamos diastemas a esos espacios entre los dientes más grandes de lo habitual. Hay quien los luce con orgullo en los incisivos centrales, o popularmente denominadas paletas, hasta los reivindica como sexys, pero más allá de la estética y las modas, lo cierto es que son un lugar perfecto para que se cuele comida. Si mantienes una rigurosa higiene dental, evitarás que se almacenen bacterias que puedan acabar convirtiéndose en caries. Si el espacio no es muy grande, podemos solucionarlo perfectamente con una carilla dental. Si es excesivo, es mejor recurrir a alguna técnica de ortodoncia que nos permita cerrarlo.

Dientes fracturados o astillados. ¿Quién no conoce a alguien que haya tenido la mala suerte de caerse y romperse un diente? Quizás hasta te ha pasado a ti. Ir por la vida con un diente roto no solo no es demasiado estético, sino que supone un sufrimiento para la boca por varias razones. La primera es que, si no lo restauramos, estarás continuamente sometiendo a ese diente a un desgaste antinatural. Segundo porque con esa pieza dental fracturada no morderás correctamente. Volvamos al ejemplo de los incisivos centrales. Imagina que te rompes parcialmente una de las paletas y que no te la arreglas. Debilitarás, además de este diente, su diente antagonista, es decir, el que tienes justamente debajo. La solución más sencilla y mínimamente invasiva es reconstruirlo con una carilla dental.

Dientes ligeramente torcidos o cortos. En este punto, es necesario hablar con precaución porque no podemos arreglar con carillas dentales lo que en realidad son problemas de ortodoncia. Las carillas dentales pueden ser una opción para imperfecciones leves o dientes más cortitos de lo natural. Lo mejor es que revisemos primero tu boca para decirte si, en tu caso, está indicado un tratamiento con carillas dentales.

Dientes manchados u oscurecidos resistentes a un blanqueamiento dental profesional. Hay varias razones por las que los dientes pueden verse oscurecidos. Recurriremos a un tratamiento con carillas dentales cuando no sea posible aclarar esos dientes mediante un blanqueamiento dental profesional u otros métodos. Puede que sea tu caso, si por ejemplo, te has hecho una endodoncia, has sufrido un traumatismo, tienen tinciones producto de una fluorosis o de la toma de antibióticos con tetraciclina.